‘Drop The Pressure’ por Mylo

'Destroy Rock and Roll' (2004), por Mylo.

‘Destroy Rock and Roll’ (2004), por Mylo.

De vuelta en la Gran Ciudad, salí con mi familia a comer comida coreana en un lugar de la Zona Rosa. La selección musical incluyó Drop The Pressure del escocés Mylo, la cual no conocía y se me quedó pegada. Buscando un poco descubrí que fue lanzada originalmente como parte del álbum Destroy Rock & Roll en 2004… hace ya más de diez años! El tiempo pasa volando… qué estaba haciendo en 2004? Estaba terminando el liceo. Estaba haciendo mis Baccalauréats, a punto de entrar a la universidad. Y por algún motivo, recordé las largas horas que dedicaba a repasar y entender temas de diversas clases durante la carrera, la cual cursé entre 2004 y 2008. Hubo varios semestres durante los cuales, para no quedarme en la escuela donde lejos de estudiar me ponía a platicar con mis compañeros, iba a la biblioteca de la Ibero: era pública, estaba cerca, era grande, tenía un horario más amplio que la biblioteca de mi universidad, sólo se llenaba a finales de cada semestre, e incluso abría medio día los sábados. Y pues nada, además de mí, encontraba a estudiantes de derecho. Con las semanas comprendí que ellos tenían evaluaciones orales semanales, los jueves en la tarde, por lo cual se vestían todos de traje muy bien peinados y yo me daba mi taco de ojo… Los jueves se convirtieron pues en mis días favoritos. Entre los estudiantes, hubo un chico que me llamó la atención pero nunca supe su nombre. La primera vez que lo vi fue en una situación graciosa. Estaba fastidiada ya de leer, por lo cual decidí tomar una siesta de 15 minutos. Al despertar, lo vi pasar y me miró risueño… Tal vez le causó gracia ver los libros marcados en mi mejilla, mientras que yo sólo pensé que estaba guapo. Un día me percaté que él siempre pasaba justo a lado de mi inspiration spot (así llamaba a la banca que me apropié, en la cual estudiaba siempre), lo cual me agradaba porque podía verlo aunque fuera de reojo. Mi lugar se encontraba cerca del jardín situado justo en medio de la biblioteca, en el se podía salir a estirar las piernas, a fumar, a hablar por teléfono, a comer algo… También ahí lo veía, desde la lejanía de mi spot, mientras él hablaba o repasaba con sus amigos.

Un jueves llegué y él se sentó en la banca que estaba contra la mía. Como no lo veía, pronto olvidé quién estaba del otro lado. La siguiente semana ocupó una banca cercana, a mi lado derecho: sólo nos separaba una y, en la siguiente con botella de agua y lecturas en mano, él se dispuso a leer. Sus hojas estaban aparentemente desordenadas, así que me distrajo tanto movimiento que hizo para acomodarlas. Lo vi tan de cerca que antes de terminar de sonrojarme o que él volteara al sentirse observado clavé los ojos en mis libros. Enseguida sentí su mirada pero no tuve el valor de voltear. Luego apareció uno de sus compañeros quien, accidentalmente derramó el agua en las lecturas. La reacción del chico guapo fue agresiva, así que el otro joven le sugirió que se cambiara de banca y que sacara nuevas copias a las lecturas. El guapo respondió igual muy molesto que no quería nada. —No quiero otra banca, quiero estar sentado justo aquí, qué no ves? —Finalizó. No sé. Casi nunca me acuerdo de ese día. Pero cuando lo hago, como ocurrió el sábado, me gusta pensar que lo dijo por mí. Tal vez ando nostálgica.

Phantom LimbThe Shins

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